Cuando hablamos de prospectiva es fácil imaginar grandes planes nacionales, escenarios hacia 2050 o ejercicios complejos para pensar cómo podría evolucionar un país durante las próximas décadas.
Pero la prospectiva puede ser mucho más cercana.
También puede servir para decidir qué competencias debería enseñar hoy una institución educativa, qué tecnologías debería comenzar a evaluar una empresa, qué infraestructura necesitará un territorio, cómo puede transformarse una cadena agroalimentaria o ante qué riesgos debería empezar a prepararse un sistema de salud.
En todos esos casos existe un problema parecido: cuando finalmente aparece una necesidad, muchas veces ya es tarde para comenzar a desarrollar la capacidad necesaria para responder a ella.
Formar personas lleva tiempo. Construir infraestructura lleva tiempo. Desarrollar proveedores, modificar regulaciones, adoptar tecnologías, transformar modelos de negocio o crear nuevas capacidades institucionales también.
Por eso una de las aplicaciones más prácticas de la prospectiva consiste en intentar reconocer esos cambios antes de que se conviertan en urgencias.
Formar hoy para trabajos que seguirán cambiando mañana
En 2022 tuve oportunidad de desarrollar para el Instituto Técnico de Capacitación y Productividad —INTECAP— un estudio de prospectiva del turismo rural y comunitario para el período 2022-2032.
La pregunta de fondo no era cómo sería exactamente el turismo diez años después.
Era mucho más práctica:
¿qué debería comenzar a enseñar una institución de formación profesional para que las personas que capacita puedan responder a las necesidades futuras del sector?
La inquietud tenía sentido.
El turismo atravesaba transformaciones importantes provocadas por la digitalización, los cambios en los comportamientos de los viajeros y los efectos de la pandemia. Al mismo tiempo se habían perdido trabajadores experimentados y estaban apareciendo nuevas necesidades de gestión, comercialización y tecnología.
Esperar hasta 2032 para descubrir las competencias necesarias habría resultado poco útil.
El estudio utilizó una metodología prospectiva exploratoria basada en el método Delphi. Participaron 23 expertos de distintos países, instituciones y sectores relacionados con el turismo rural y comunitario. En una primera ronda propusieron elementos de análisis; posteriormente esas propuestas fueron consolidadas y sometidas nuevamente a valoración.
El ejercicio abordó varias dimensiones simultáneamente:
ocupaciones, áreas de conocimiento, tecnologías emergentes, modelos de negocio, prácticas de gestión, comercialización, marketing y comunicación y posibles nuevas ocupaciones.
Eso es importante porque el futuro de un trabajo rara vez cambia solamente porque aparezca una nueva tecnología.
Puede cambiar también porque se modifica la forma de vender, porque el consumidor espera otra experiencia, porque aparecen nuevos estándares, porque algunas actividades se externalizan o porque se necesitan capacidades que antes pertenecían a profesiones diferentes.
Los resultados mostraron, por ejemplo, una evolución importante hacia las competencias relacionadas con marketing, calidad y sostenibilidad; mayor necesidad de trabajar con información y bases de datos; capacidades para construir alianzas y redes; habilidades de liderazgo, comunicación, trabajo en equipo y resolución de conflictos; y cambios en comercialización asociados con venta directa, comercio electrónico y nuevas modalidades de pago. También se identificó la creciente importancia del contenido, el storytelling y la interpretación del patrimonio cultural y natural para construir experiencias turísticas.
En tecnología aparecieron desde pagos en línea, comercio electrónico, aplicaciones de reservación e Internet de las cosas hasta inteligencia artificial, realidad aumentada, energías renovables, sistemas de georreferenciación y herramientas para controlar flujos de visitantes.
Pero el producto útil del estudio no era esa lista.
El ejercicio terminó convirtiéndose en una propuesta de formación organizada por áreas funcionales y programas modulares, relacionando la posible evolución de las ocupaciones con los conocimientos y capacidades que deberían desarrollarse.
Ahí está la diferencia entre estudiar tendencias y hacer prospectiva aplicada.
No interesa solamente saber qué está cambiando. Interesa decidir qué debemos empezar a hacer como consecuencia de ese cambio.
La formación profesional es uno de los campos más evidentes
Este problema no es exclusivo del turismo.
La Organización Internacional del Trabajo utiliza el concepto de anticipación de necesidades de competencias precisamente para reducir la distancia entre las habilidades que demanda el mercado laboral y aquellas que ofrece la fuerza de trabajo.
La lógica es sencilla.
Cuando una nueva competencia comienza a ser ampliamente demandada no basta con incluirla inmediatamente en un catálogo de cursos.
Puede ser necesario diseñar programas, formar instructores, desarrollar materiales, adquirir equipos, modificar certificaciones y atraer personas interesadas en capacitarse. Todo eso requiere tiempo.
Por eso la OIT plantea que la anticipación sistemática de competencias permite a proveedores de formación, trabajadores, jóvenes, empleadores y responsables de política tomar mejores decisiones educativas antes de que las brechas sean demasiado grandes.
La aceleración de la inteligencia artificial vuelve todavía más evidente este desafío.
Preguntar solamente cuántos empleos desaparecerán probablemente sea insuficiente.
También necesitamos preguntar:
¿qué tareas cambiarán?, ¿qué nuevas capacidades complementarán a la tecnología?, ¿qué ocupaciones combinarán conocimientos que hoy enseñamos por separado?, ¿qué competencias humanas adquirirán mayor valor y qué debería comenzar a modificarse en los programas formativos?
Ese es un problema prospectivo.

Agricultura: pensar más allá de la próxima cosecha
Otro ejemplo aparece en los sistemas agroalimentarios.
Las decisiones del sector agrícola están expuestas simultáneamente a cambios climáticos, disponibilidad de agua, transformación tecnológica, comercio internacional, demanda de los consumidores, degradación ambiental, disponibilidad de mano de obra y precios.
Algunos de esos factores pueden proyectarse. Otros presentan incertidumbres mucho mayores.
En 2026, la FAO publicó un ejercicio de prospectiva estratégica para los sistemas agroalimentarios de América Latina y el Caribe. El análisis no intenta señalar cuál será exactamente el futuro de la agricultura regional.
Identifica tendencias históricas, señales emergentes y factores capaces de transformar el sistema y construye cuatro escenarios alternativos. A partir de ellos identifica elementos que podrían ayudar a desplazar la trayectoria hacia sistemas más resilientes e inclusivos, incluyendo gobernanza, cambios tecnológicos, comportamiento de consumidores y condiciones socioeconómicas.
La pregunta práctica puede llevarse incluso a un territorio o una cadena productiva concreta.
Si una región depende fuertemente de determinado cultivo, podríamos preguntar:
¿qué ocurriría si disminuye la disponibilidad de agua?
¿Si cambian las preferencias de los consumidores?
¿Si una nueva tecnología reduce determinados costos?
¿Si cambian las condiciones de acceso a un mercado internacional?
¿Si aumenta la exigencia de trazabilidad ambiental?
No necesitamos conocer exactamente cuál de esos futuros ocurrirá para empezar a identificar qué inversiones, capacidades o diversificaciones serían útiles bajo varios de ellos.
Salud: prepararse antes de que aparezca la necesidad
La misma lógica puede aplicarse a los sistemas de salud.
Una población que envejece, nuevas tecnologías médicas, inteligencia artificial, resistencia antimicrobiana, cambios ambientales o nuevas formas de enfermedad pueden modificar las demandas sobre un sistema sanitario.
La Organización Mundial de la Salud creó una función específica de prospectiva global en salud para monitorear tecnologías emergentes, realizar exploración del horizonte y ayudar a los países a incorporar pensamiento de futuros en su planificación sanitaria.
La utilidad resulta bastante clara.
Un sistema de salud no puede esperar a tener una nueva presión estructural para comenzar a formar especialistas, construir capacidades digitales, modificar protocolos o invertir en infraestructura.
En este campo la prospectiva no sustituye la epidemiología ni los modelos cuantitativos.
Los complementa preguntando qué combinaciones de cambios podrían alterar las necesidades futuras y qué capacidades convendría desarrollar preventivamente.
Medio ambiente y gestión de riesgos: buscar señales antes del impacto
Existe otro ámbito donde anticipar tiene un valor particularmente alto: los riesgos ambientales y sistémicos.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente —PNUMA— ha institucionalizado procesos de prospectiva estratégica y horizon scanning, o exploración del horizonte, para identificar señales emergentes que podrían producir impactos relevantes sobre el ambiente y el bienestar humano.
Su informe global de prospectiva publicado en 2024 utilizó consultas con expertos y actores regionales para identificar señales de cambio relacionadas con transformaciones ambientales, tecnológicas, sociales y geopolíticas.
Este enfoque introduce una idea útil.
No todos los cambios importantes comienzan como grandes tendencias.
Algunos aparecen primero como señales débiles: acontecimientos todavía pequeños, tecnologías incipientes, cambios regulatorios, comportamientos poco extendidos o combinaciones nuevas de problemas existentes.
La prospectiva ayuda a preguntar cuáles deberían vigilarse.
Para una empresa puede ser una tecnología que todavía utiliza muy poca gente.
Para una ciudad, un cambio en los patrones de movilidad.
Para un territorio turístico, una transformación ambiental.
Para un país, una modificación en las cadenas globales de suministro.
No significa reaccionar ante cada señal.
Significa desarrollar capacidad para distinguir cuáles podrían adquirir suficiente importancia como para modificar nuestras decisiones.
Empresas: decidir inversiones bajo más de un futuro
Las empresas enfrentan exactamente el mismo problema, aunque muchas veces no lo llamen prospectiva.
Una inversión en maquinaria, una nueva planta, un hotel, una plataforma tecnológica, una estrategia de internacionalización o el desarrollo de una nueva línea de negocio pueden comprometer recursos durante años.
El análisis financiero tradicional puede construir un escenario esperado, calcular retornos y realizar sensibilidades sobre determinadas variables.
La prospectiva puede agregar otra pregunta:
¿qué cambios externos podrían modificar completamente los supuestos sobre los que estamos haciendo esta inversión?
Pensemos en una empresa que evalúa una nueva instalación productiva.
Puede analizar costos, demanda y retorno esperado.
Pero también podría explorar escenarios derivados de automatización, costos energéticos, modificaciones regulatorias, disponibilidad de talento, comportamiento del consumidor o reorganización de cadenas de suministro.
El propósito no sería escoger el escenario que “va a ocurrir”.
Sería identificar:
- decisiones que funcionan razonablemente bien bajo varios escenarios;
- inversiones que dependen demasiado de un único supuesto;
- capacidades que conviene desarrollar aunque todavía no sean críticas;
- indicadores que deberían vigilarse;
- y condiciones bajo las cuales habría que modificar la estrategia.
La prospectiva se convierte así en una herramienta complementaria de estrategia, inversión y gestión de riesgos.
También sirve para decidir dónde y cuándo construir
Existe además una aplicación especialmente relevante para infraestructura y desarrollo territorial.
Carreteras, sistemas de transporte, puertos, aeropuertos, redes de agua, centros educativos, hospitales o infraestructura energética pueden permanecer en funcionamiento durante décadas.
Esto genera una asimetría importante:
decidimos hoy una infraestructura que deberá responder a necesidades que todavía no conocemos completamente.
Una proyección demográfica puede ayudar.
Pero quizás también sea necesario considerar transformaciones productivas, migración, urbanización, cambio climático, disponibilidad de agua, nuevas modalidades de movilidad o cambios tecnológicos.
Cuanto más costoso y difícil sea modificar posteriormente una decisión, mayor utilidad puede tener explorar futuros alternativos antes de tomarla.
No toda decisión necesita un ejercicio prospectivo
Tampoco conviene convertir la prospectiva en respuesta para cualquier problema.
Muchas decisiones pueden resolverse con buenos datos actuales, análisis estadístico, investigación de mercados o planificación operativa.
La prospectiva adquiere especial utilidad cuando aparecen al menos tres condiciones.
La primera es un horizonte suficientemente largo: existe una distancia importante entre la decisión y sus resultados.
La segunda es un costo elevado de corrección: si nos equivocamos, cambiar posteriormente será caro, lento o difícil.
La tercera es un entorno con incertidumbres relevantes e interdependientes: tecnología, regulación, comportamiento social, clima, mercados o actores pueden modificar las condiciones bajo las cuales tomamos la decisión.
Formar talento cumple esas tres condiciones.
También construir infraestructura.
Transformar una cadena productiva.
Diseñar una política sanitaria.
Realizar inversiones estratégicas.
O preparar un territorio para afrontar riesgos futuros.
La pregunta útil no es cómo será nuestro sector dentro de diez años
El estudio realizado para INTECAP tenía como horizonte 2032.
Seguramente algunas transformaciones ocurrirán aproximadamente como fueron valoradas y otras evolucionarán de manera diferente. Algunas tecnologías incluso pueden avanzar mucho más rápido de lo previsto.
Eso no invalida el ejercicio.
Al contrario, recuerda que la prospectiva debe ser actualizada periódicamente.
Su éxito no consiste en demostrar años después que acertamos cada tendencia.
Consiste en haber identificado suficientemente temprano determinados cambios para tomar mejores decisiones antes de que fueran evidentes.
Por eso quizás la pregunta más útil para una empresa, una universidad, una institución pública, un territorio o un sector productivo no sea:
¿cómo será nuestro sector dentro de diez años?
Puede ser otra:
¿qué capacidades tendremos que haber construido cuando los cambios que hoy apenas comenzamos a observar se conviertan en nuestra nueva realidad?
Ahí es donde la prospectiva deja de ser una conversación sobre el futuro.
Y se convierte en una herramienta para decidir qué comenzar a construir desde hoy.
Referencias consultadas
Nieto Cotera, J. P. (2022). Estudio de prospectiva del turismo rural/comunitario para los próximos 10 años (2022-2032). Informe final. Instituto Técnico de Capacitación y Productividad —INTECAP—, Departamento de Investigación e Innovación Tecnológica, División de Planificación. Guatemala. Fuente principal para el caso sobre anticipación de ocupaciones, tecnologías, modelos de negocio, comercialización y necesidades futuras de formación.
Organización Internacional del Trabajo —OIT—. (2015). Anticipating and matching skills and jobs. Guidance Note. Presenta la anticipación de competencias como proceso sistemático para identificar necesidades futuras del mercado laboral y reducir brechas entre oferta y demanda de habilidades.
Organización Internacional del Trabajo —OIT—. (2024). Methodological guides on anticipation and matching of skills. Compendio metodológico sobre información laboral, prospectiva de competencias, escenarios, análisis sectorial, encuestas empresariales y estudios de seguimiento.
Organización Internacional del Trabajo —OIT— y Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos —OCDE—. (2018). Approaches to anticipating skills for the future of work. Analiza la necesidad de anticipar competencias frente a cambios tecnológicos, digitalización, transformaciones demográficas y modificaciones en las estructuras de empleo.
Food and Agriculture Organization of the United Nations —FAO—. (2026). Regional strategic foresight report for Latin America and the Caribbean. Aplica prospectiva estratégica a los sistemas agroalimentarios regionales mediante tendencias, señales débiles, factores de cambio, escenarios alternativos y opciones de transformación.
Food and Agriculture Organization of the United Nations —FAO—. (2022). The future of food and agriculture: Drivers and triggers for transformation. Analiza impulsores de transformación y escenarios futuros de los sistemas agroalimentarios y su relación con sostenibilidad, resiliencia e inclusión.
World Health Organization —WHO—. (s. f.). WHO Foresight: Monitoring emerging technologies and building futures-thinking. Presenta el uso de prospectiva, horizon scanning y monitoreo de tecnologías emergentes para incorporar pensamiento de futuros en la planificación sanitaria.
World Health Organization —WHO—. (2022). Bending the trends to promote health and well-being: a strategic foresight on the future of health promotion. Ejercicio de prospectiva para identificar tendencias y fortalecer la planificación futura de políticas y capacidades de promoción de la salud.
United Nations Environment Programme —UNEP—. (2024). Navigating New Horizons: A Global Foresight Report on Planetary Health and Human Wellbeing. Utiliza exploración del horizonte, señales de cambio y participación de expertos para anticipar posibles disrupciones ambientales, tecnológicas y sociales y orientar decisiones.
Organisation for Economic Co-operation and Development —OECD—. (2025). Strategic Foresight Toolkit for Resilient Public Policy. Presenta metodologías para explorar escenarios, cuestionar supuestos, someter estrategias a pruebas de resistencia y diseñar decisiones más robustas frente a futuros alternativos.
