En la primera parte de este artículo planteé que la infraestructura, la conectividad y los servicios de transporte siguen siendo una de las agendas que mejor permite leer la competitividad regional.
La región del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) cuenta con instrumentos, instituciones y propuestas de política pública en movilidad, logística, facilitación, turismo, transporte marítimo, transporte aéreo y conectividad territorial.
Pero el valor de esa arquitectura regional se prueba en otro plano: la realidad de cada país.
Una agenda regional puede estar bien formulada y aun así avanzar de forma desigual. Las diferencias importan. Cada país tiene activos, restricciones, prioridades, capacidades institucionales y condiciones territoriales distintas. Por eso, en lugar de plantear un ranking, conviene hacer una lectura comparada: qué aporta cada país, qué temas siguen pendientes y qué oportunidades existen para articular mejor la agenda regional.
Del marco regional a los avances por país: infraestructura, conectividad y transporte en la región SICA
Guatemala
Guatemala tiene una posición estratégica dentro de la región por su tamaño económico, su relación con México, su papel en el comercio intrarregional y su acceso tanto al Pacífico como al Atlántico. Esa ubicación le da relevancia logística, turística y productiva.
Su desafío está en convertir esa posición geográfica en servicios de transporte más previsibles, infraestructura vial mejor articulada, conectividad urbana más eficiente, modernización aeroportuaria y mayor fluidez en corredores estratégicos.
Para el turismo, la movilidad interna y la calidad del acceso siguen siendo condiciones decisivas. El país tiene destinos de alto valor cultural, natural y patrimonial, pero su competitividad territorial depende de la facilidad real para conectar visitantes, comunidades, servicios y mercados.
En términos logísticos, Guatemala puede desempeñar un papel regional de mayor peso si logra vincular mejor corredores, puertos, pasos fronterizos, zonas productivas, servicios de transporte y plataformas de facilitación. Su ubicación es un activo. La tarea es convertir ese activo en desempeño.
El Salvador
El Salvador ha puesto énfasis en conectividad, modernización institucional y facilitación, con una ubicación relevante dentro del corredor Pacífico y una escala territorial que podría favorecer soluciones más integradas. Su aeropuerto internacional, sus pasos fronterizos y su puerto de Acajutla son activos relevantes para comercio, turismo y movilidad.
La escala del país puede convertirse en ventaja si permite coordinación, eficiencia y continuidad en la ejecución de proyectos. En movilidad, logística y transporte, los países de menor tamaño territorial tienen una oportunidad particular: reducir tiempos internos, conectar mejor nodos productivos y turísticos, y ordenar servicios de transporte con mayor coherencia.
El reto está en ampliar capacidad logística, fortalecer servicios y articular mejor producción, turismo, comercio y movilidad de personas. La conectividad no depende únicamente del punto de entrada o salida; depende de cómo se organiza el sistema completo.
Honduras
Honduras tiene una posición territorial importante para conectar Atlántico, Pacífico y corredores intrarregionales. Puerto Cortés es uno de sus principales activos logísticos, y su red vial tiene relevancia para comercio regional, movilidad de carga y conexión de territorios productivos.
El potencial hondureño está asociado a su capacidad de articular infraestructura portuaria, corredores terrestres, zonas productivas y pasos fronterizos. Para la región, Honduras puede cumplir una función logística importante si logra fortalecer seguridad, mantenimiento, servicios, facilitación y continuidad de inversiones.
Su desafío es sostener proyectos, mejorar mantenimiento, elevar la calidad de servicios y articular mejor corredores internos con infraestructura portuaria, fronteriza y urbana. También requiere fortalecer la relación entre logística, desarrollo territorial y movilidad de personas, especialmente en zonas donde la conectividad incide en acceso a empleo, mercados y servicios.
Nicaragua
Nicaragua ocupa una posición geográfica central en el istmo, con acceso a ambos océanos y una localización relevante para la movilidad terrestre regional. Esa posición ofrece potencial para conectividad, turismo, transporte terrestre y articulación de corredores.
Su principal reto está en generar condiciones institucionales, regulatorias y de inversión que permitan aprovechar mejor su ubicación. La conectividad regional requiere confianza, continuidad, información y servicios capaces de integrarse con los flujos comerciales, turísticos y de movilidad del resto del SICA.
Nicaragua tiene una localización que podría contribuir a una red regional más equilibrada. Pero la posición geográfica, por sí misma, no produce competitividad. Necesita servicios, mantenimiento, seguridad, planificación, facilitación y condiciones para la inversión pública y privada.
Costa Rica
Costa Rica ha construido una marca internacional fuerte en turismo, sostenibilidad, servicios y atracción de inversión. Su conectividad aérea, su plataforma turística y su vinculación con cadenas de valor de mayor sofisticación son activos importantes.
Pero también enfrenta presiones persistentes en infraestructura vial, movilidad urbana, tiempos de desplazamiento, puertos y costos logísticos. Su desafío está en alinear mejor su posicionamiento internacional con infraestructura y servicios que respondan al nivel de sofisticación de su economía y de su oferta turística.
Costa Rica permite observar una tensión frecuente en la región: economías con alta reputación sectorial pueden enfrentar limitaciones de conectividad interna que reducen eficiencia y afectan experiencia del usuario. En turismo, negocios y logística, el tiempo de traslado también forma parte de la competitividad.
Panamá
Panamá cuenta con activos logísticos de escala internacional: el Canal, puertos, zona libre, conectividad aérea y servicios asociados al comercio global. Su posición como hub regional es evidente.
La pregunta estratégica es cómo esos activos se articulan con una agenda más amplia de integración SICA. Panamá puede operar como nodo global, pero su aporte regional aumenta cuando su infraestructura y servicios contribuyen también a mejorar cadenas intrarregionales, movilidad de personas, turismo multidestino y conectividad con Centroamérica.
En términos de política regional, Panamá representa una oportunidad y una pregunta. La oportunidad está en vincular su capacidad logística global con una visión regional más integrada. La pregunta está en cómo convertir esa posición en beneficios más amplios para la conectividad de la región.
Belice
Belice tiene una escala menor, pero una posición importante en turismo, conectividad con el Caribe, vínculo con Centroamérica y relación con mercados internacionales. Su valor regional no debe medirse únicamente por volumen logístico, sino por su papel en movilidad turística, conectividad territorial y articulación con circuitos regionales.
Sus retos están asociados a escala, conectividad, infraestructura, servicios y articulación efectiva con las agendas regionales del SICA. Para Belice, el valor de la integración puede estar en ampliar acceso, mejorar servicios y fortalecer vínculos turísticos, comerciales y territoriales.
La región necesita reconocer que la conectividad no tiene una única forma. En algunos países se expresa en grandes corredores logísticos; en otros, en circuitos turísticos, puertos de menor escala, conexiones aéreas, movilidad territorial o integración con mercados vecinos.
República Dominicana
República Dominicana aporta una lectura distinta dentro del SICA. Su conectividad aérea, marítima y turística es robusta, y su economía tiene una relación importante con comercio, servicios, manufactura, zonas francas y turismo internacional.
Su desafío regional está en profundizar la conexión entre su capacidad logística y turística con las agendas del SICA. La República Dominicana puede aportar aprendizajes importantes en conectividad aérea, turismo internacional, operación portuaria, zonas francas y articulación entre servicios e inversión.
Al mismo tiempo, su condición insular plantea retos específicos para integrarse a una agenda regional que muchas veces se piensa desde corredores terrestres. Su aporte puede estar en ampliar la lectura del SICA hacia una conectividad multimodal que incluya transporte marítimo, aéreo, servicios logísticos, turismo y cadenas de valor.

Retos actuales de la región
La lectura por país muestra diferencias, pero también retos comunes.
El primero es la inversión. La cartera de necesidades supera con facilidad la capacidad presupuestaria de los Estados. La región necesita priorización técnica, financiamiento estructurado, alianzas público-privadas bien diseñadas y mecanismos regionales de coordinación.
El segundo es el mantenimiento. La infraestructura pierde valor cuando no se conserva. En transporte, el mantenimiento no es un gasto menor; es una política de competitividad.
El tercero es la calidad del servicio. La región necesita discutir más sobre estándares, profesionalización, seguridad, trazabilidad, información al usuario, frecuencia, accesibilidad, confiabilidad y desempeño operativo.
El cuarto es la facilitación. La modernización fronteriza requiere tecnología, pero también acuerdos operativos, coordinación interinstitucional y voluntad para simplificar procesos. La iniciativa de UNCTAD y SIECA con el Reform Tracker apunta precisamente a mejorar seguimiento, coordinación y trazabilidad de reformas en facilitación comercial.
El quinto es la sostenibilidad. El cambio climático ya forma parte de la agenda de infraestructura. Carreteras, puertos, aeropuertos, ciudades y corredores logísticos deben diseñarse con criterios de resiliencia. El Plan Maestro Regional de Movilidad y Logística 2035 incorpora una visión de transporte seguro, resiliente y redundante, alineada con los desafíos de sostenibilidad y desarrollo territorial.
El sexto es la información. Sin datos comparables, actualizados y útiles, la política pública opera con baja precisión. Por eso son relevantes las nuevas herramientas de medición y seguimiento, desde indicadores logísticos internacionales hasta plataformas regionales de gestión de reformas.
El séptimo es la continuidad. La infraestructura y la conectividad no se resuelven en ciclos políticos cortos. Requieren visión de largo plazo, acuerdos mínimos, institucionalidad técnica y capacidad de ejecución sostenida.
Prioridades para pasar de instrumentos a resultados
La región no parte de cero. Cuenta con instituciones, instrumentos y cooperación técnica. Pero la implementación requiere ordenar prioridades.
La primera prioridad es conectar mejor la planificación regional con la inversión nacional. Los instrumentos regionales deben dialogar con presupuestos, carteras de proyectos, planes nacionales, bancos de inversión pública y mecanismos de financiamiento.
La segunda prioridad es medir resultados. No basta con contar proyectos. Hay que medir tiempos, costos, confiabilidad, accidentabilidad, calidad del servicio, percepción de usuarios, desempeño fronterizo y conectividad territorial.
La tercera prioridad es fortalecer servicios de transporte. La infraestructura gana valor cuando está acompañada de operadores, estándares, información, seguridad y capacidad de respuesta.
La cuarta prioridad es integrar carga y personas dentro de una misma visión de movilidad. El comercio, el turismo, la movilidad laboral, la educación, la salud y la inversión territorial comparten una condición: acceso eficiente.
La quinta prioridad es sostener la cooperación regional. Ningún país resuelve por separado una agenda que depende de corredores, fronteras, puertos, aeropuertos, información compartida y servicios interoperables.
La región SICA ya cuenta con instrumentos, instituciones y una agenda técnica cada vez más clara. El Plan Maestro Regional de Movilidad y Logística 2035, las estrategias de facilitación, la agenda marítimo-portuaria, la agenda aeronáutica, la propuesta de política regional de turismo en la que trabajé y el acompañamiento de organismos técnicos y financieros muestran que el problema no está en la ausencia de conversación regional.
El punto crítico está en la implementación.
La competitividad regional se define en la capacidad de convertir planes en proyectos, proyectos en servicios, servicios en resultados y resultados en mejores condiciones para empresas, territorios y personas.
Mover carga y mover personas son dos expresiones de una misma capacidad institucional: organizar el territorio, reducir costos, conectar oportunidades y sostener una visión de desarrollo que pueda medirse en la vida económica real.
Esa es la conversación que conviene abrir con más fuerza: cómo pasar de una región que formula agendas de conectividad a una región que logra mover mejor su comercio, su turismo, su inversión, su talento y sus oportunidades.
Si una institución, empresa, cámara, destino turístico, gobierno local u organismo regional quiere pensar en competitividad, debería empezar por una pregunta práctica:
¿Qué tan fácil, seguro, eficiente y previsible es mover personas y mercancías dentro de su territorio y hacia sus mercados?
La respuesta suele mostrar con bastante claridad dónde están las prioridades.
Referencias:
- Banco Interamericano de Desarrollo. (s. f.). América en el Centro.
- Banco Mundial. (2025). Logistics Performance Indicators 2.0.
- Comisión Centroamericana de Transporte Marítimo. (s. f.). Estrategia marítima / Nosotros.
- Comisión Económica para América Latina y el Caribe. (2026). Informe portuario 2024–2025: cómo navegar en una nueva etapa de globalización e interdependencia económica.
- Consejo de Ministros de Hacienda o Finanzas de Centroamérica, Panamá y República Dominicana. (2023). Presentación del Plan Maestro Regional de Movilidad y Logística 2035.
- Corporación Centroamericana de Servicios de Navegación Aérea. (s. f.). Servicios de navegación aérea / tránsito aéreo.
- Secretaría de Integración Social Centroamericana. (2024). Conocimos el Plan Maestro Regional de Movilidad y Logística 2035.
